Desde el interior observan

14.9.09

DrivenbyEmpathy

Muchos pensarán que soy una persona horrenda, pero hay veces que me manejan el amor, la belleza, la empatía. Enamorarse del producto creado con las propias manos; igualar y hasta superar a la Belleza misma; liberar a alguien de todos sus males y pesares; todos ellos son placeres que no se comparan con nada en este mundo. Es la pura fuerza motora de la vida actuando directamente a través de uno.
Nunca me costó notar el estado de ánimo interno de las personas que me rodean. Y una vez que lo noto, siempre puedo comprenderlo, hasta hacerlo propio diría. Durante el transcurso de una semana pude notar que el ánimo interno de Andy no era nada positivo. Acostumbrado a verla sonreír y revolotear por todo el gimnasio, verla con la capa por el piso me afectó bastante. Uno de los momentos del día que con más ansias esperaba era su llegada al lugar. Su sonrisa iluminaba mi alma y me hacía sentir que valía la pena estar vivo. Con la caída de su ánimo, cayó el mío. Al principio, procuré no hacerle caso, trataba de convencerme de que no me era necesaria su sonrisa para estar bien. Pero era solo eso, un intento en vano de convencerme. Sabía que necesitaba la luz de su alegría para mitigar la niebla de mis días. Pasaron los días y su ánimo no mejoró, el mío tampoco. Fue así que decidí acercarme a ella y escucharla. Tratar de identificar el mal que la aquejaba y extirparlo de una vez y por todas. Así, la luz volvería a mis días grises.

Frank – Estás rara, Andy, qué pasa?
Andy – Nada…
Frank – Segura?
Andy – …
Frank – No me gusta que estés así. Vos siempre te estás riendo, no puede ser que ahora estés así, tonta.
Andy – Es que las cosas no están funcionando…

Era obvio que las cosas no funcionaban. Me negaba su sonrisa, me negaba mi bienestar. Era momento de encaminar el asunto.

Frank – No sé qué puedo hacer para que sonrías de nuevo…
Andy – No hay mucho que hacer.
Alfred – No, no es mucho… Pero lo soluciona al toque.
Frank – Pero si hay algo…
Alfred – Obvio que lo hay, y lo sabés.
Frank – … que pueda hacer, decimeló.
Andy – Gracias, Fran… En serio.

Seguimos hablando durante un rato. Me era casi imposible seguir viéndola así. Necesitaba su sonrisa. Así que recurrí a los temas más triviales para poder hacerla olvidar un poco y que al menos esbozara una sonrisa. Mientras, en mi cabeza, Alfred se agitaba. Él podía sentir que algo bueno, algo grande se acercaba. Un poco más tarde, Andy y yo nos quedamos hablando en la vereda cuando cerró el gimnasio. Sin darnos cuenta, el reloj había avanzado muchísimo en su eterna marcha. Ella anunció su partida. Nos saludamos y se dirigió a la parada del colectivo, yo subí al auto.
La miré cómo caminaba con las manos prendidas a su cartera y sus ojos clavados en sus botas. La calle estaba casi desierta. Todavía estaba estacionado cuando ella llegó a la parada. Desde donde me encontraba podía verla patear una piedra sin ganas. Su mano que estaba en ese momento en su bolsillo, se elevó y pude ver cómo se secaba las lágrimas.

Frank – Esto no puede ser! Tiene que sonreír de nuevo, no puedo estar así!
Alfred – Va a sonreír para siempre, vas a ver.

Mi propio ánimo estaba tan por el piso que no pude contener a Alfred. Encendí el auto y salí en dirección a la parada. El rugido del motor me ensordeció. Mis ojos no veían otra cosa más que la silueta de Andy bajo el techo de la parada. El pie en el acelerador no aflojó la presión ni un instante. Estaba casi por llegar al punto exacto y cambié bruscamente de carril. Ahora iba en contramano. Andy se volteó sobresaltada y vio cómo aceleraba a fondo en el carril incorrecto. Llegué al punto exacto y subí el auto a la vereda. Las luces altas alumbraban directamente a los sorprendidos ojos de Andy que no sabía qué hacer. Sólo se escucharon un golpe seco y una frenada precipitada en la tierra. Bajé apresuradamente del auto y retrocedí unos cuantos metros. Ahí estaba su cuerpo magullado y empolvado, tirado en medio de la vereda de tierra. Su cartera había volado hasta el medio de la calle. La fui a buscar y me acerqué a Andy tímidamente. Di vuelta su esbelto cadáver y coloqué la cartera entre sus dedos, simulando la posición que había adoptado minutos antes. Al instante, me fije en su rostro, tenía el cabello revuelto. Con todo el cuidado y el cariño del mundo le acomodé el pelo, le aparté los mechones despeinados de la cara y los fijé detrás de sus orejas. Sus ojos estaban todavía abiertos. Con una caricia los sumí en la oscuridad con sus párpados. Acaricié sus labios, sintiendo sus emociones y su ánimo interno. Pensaba en cómo su sonrisa iluminaba mis días. Con ternura, dibujé una hermosa sonrisa en su rostro con sus labios ya muertos, y vi cómo al instante ella iluminaba mi alma. “Ahí tenés. Sonríe para siempre”, me susurró Alfred.
Muchos pensarán que soy una persona horrenda y que me manejaron el egoísmo y la mera locura. No. La empatía que sentía por Andy pudo más que cualquier egoísmo. Hice lo posible por extirparle sus males y verla sonreír de nuevo. Así fue y ahora sonríe eternamente… Y por qué no ganar algo en el proceso? Mi alma iluminada constantemente con su alegría, mí alegría.

6 Víctimas:

Ananda dijo...

Esto podria servirme de inspiración.....

caro pé dijo...

che descubrí este block Frank.
peculiar blok.Me salió peculiar, no sé precisamnte lo que quería decir.

Frank dijo...

Guadis: Inspiresé, no más. Que yo le afano otras cosas, jojo.

Caro Pé: La prgunta es: te gusta?

Mauricio De Benedetto dijo...

Muy bien... hay un retorno a la vieja escuela de Ello Puro, un recupero de los tópicos y estilos clásicos que ayuda al blog a reencontrarse con el sello que lo identifica.
Abrazo.

caro pé dijo...

que me gusta sino no le digo nada.

Frank dijo...

Gringo: No cantes victoria que en cualquier momento puede aparecer alguna paloma más...

Carito: Mortal. Aprovechá y leé las anteriores que se está por acabaresto... Creo.