Desde el interior observan

3.11.09

La perfección en mis manos… y en las suyas

Ya las había soportado lo suficiente, de más, diría. No podía soportar una caricia más de las manos imperfectas de mi Eva. Decidí salir en busca de las manos que había elegido para ella. Como había entablado una relación amistosa con Yanina, no se me hizo difícil engañarla para que nos encontráramos en casa a “tomar algo”. Y así fue.
El tiempo que estuvimos conversando se me hizo eterno, quería empezar a hacer el trabajo de Dios de inmediato, pero Yanina me engatusó con su elocuencia. Aguanté lo más que pude, pensando en lo que venía, en el placer que me produciría hacer a mi Eva un poco más perfecta. Mientras, Yanina hablaba y yo trataba de abstraerme y no escucharla en absoluto, mi vaso veía pasar una bebida tras otra... y mis sentidos se iban nublando. Si seguía así no podría hacer lo mío. Agarré su vaso para rellenárselo; pero junto con el vino fue una pastilla de Clonazepam. No era necesario que Yanina presenciara todo el proceso, mucho menos me importaba si sufría o no. El Clonazepam era sólo para detener sus movimientos, para drogarla y facilitar mi labor ya mancillada por mis embotados sentidos.
Sin reprochar el hecho de que la estaba drogando frente a sus ojos, se tomó el vino. A los pocos minutos ya estaba totalmente perdida en otro lugar, pero algo aún la unía a la realidad y le permitía seguir razonando.

Yanina – Qué me pasa, Fran?
Frank – No sé qué te pasa… Pero sé lo que te va a pasar.
Yanina – Jajaja, no seas pelotudo, si no sabés nada vos!
Alfred – Pelotudo yo? Justamente yo… pelotudo? Esta pobre diabla no sabe lo que le espera después…
Frank – …
Yanina – Oh, ya se enojó! No te enojes, pelotudo!
Frank – …
Alfred – Después me la vas a dar, no? Me sigue insultando…
Yanina – Qué te pasa, Fran?
Frank – …
Yanina – Dale, decime qué te pasa. Qué te pasa, Fran?
Frank – No me pasa nada. Estoy re bien así por que dentro de poco, voy a ser un poco más como Dios.
Yanina – Jajaja, Fran! Ya tomaste mucho, mirá las cosas que decís!
Frank – Vos reíte, no más…

Me levanté de la mesa y fui a la cocina. Ella me miraba constantemente con su mirada escrutiñadora pero perdida, vaga, al mismo tiempo. Su estupor era tal que cuando me vio acercarme con un cuchillo sobredimensionado en mis manos ni se inmutó. Hasta pareció divertirse con la visión. Supongo que ella pensaba que yo me encontraba en el mismo estado jocoso que ella. Yo sabía muy bien que no había nada de jocoso en mi labor superior. Me paré junto a ella y tome una de sus manos. Yanina observó todo con sumo detenimiento. Con sus ojos dilatados me miró sostenidamente, como tratando de averiguar lo que vendría a continuación. Puse su mano sobre la mesa exponiendo la muñeca. Ella observaba cada movimiento, parecía que realmente no comprendía lo que iba a venir. Con un terrible sesgo de mi cuchillo cercené una de las manos perfectas. No gritó. El cóctel vicioso que le había dado surtía efecto esplendorosamente. Como desde otro ángulo, hasta desde otra dimensión escrutó con detenimiento el muñón que coronaba su antebrazo, mientras de éste brotaba un manantial de sangre. Seguía estudiando su fuente de sangre cuando tomé su otra mano y la puse sobre la mesa. Otro sesgo, y otro manantial rojo fue creado. Su mirada pasó de un muñón al otro. Comprendí que estaba altamente afectada por la droga, ella estaba convencida de que nada de eso estaba pasando realmente.

Yanina – Fran, me estoy comiendo un mal viaje.
Frank – Jajaja! Qué ilusa…
Yanina – En serio, boludo! No tengo manos!
Frank – No tenés manos, Yaninita… Te las quité para dárselas a mi mujer.
Yanina – Y ahora me decís cosas raras, qué tomamos? Esto es un mal viaje, un muy mal viaje…
Frank – Pensá lo que quieras, no me interesa… Morite ahora si querés, o mirá todo el proceso. Hacé como quieras.
Yanina – Qué?
Frank – Bah.

Y se quedó ahí sentada. No dejaba de observarlo todo. Miró todo con detenimiento, pero prestó especial atención a mi Eva cuando la acosté en la mesa. Empezó a hablar, creo que la describía, supongo que en su afán de creer que todo era producto de la droga, quería recordar todo después. No le presté la más mínima atención, me aboqué totalmente a perfeccionar mi mujer. Tuve que concentrarme para burlar a mis manos temblorosas; no podía permitirme que por un error mío, Eva tuviese detalles imperfectos. Yanina seguía hablando, ahora se dirigía a mí pero yo no contestaba, debía atender a cosas más importantes, a algo superior que una mera mortal desangrándose en la silla, y que encima pensaba que todo era un mal viaje.

Yanina – Fran…
Frank – …
Yanina – Fran, tengo frío.
Frank – …
Yanina – Tengo frío, Fran! Me prestás una campera?
Frank – …
Yanina – Fran!!! Tengo mucho frío, por favor prestame algo! Tengo frío y tengo miedo, este mal viaje no se acaba más, Fran.
Frank – …
Yanina – Fran, por qué me hiciste comer este mal viaje?
Frank – No hay ningún mal viaje, tarada! Estás tan puesta que ni te das cuenta, o tenés tanto miedo que tu mentecita no te deja dar cuenta, no sé! Pero no es ningún mal viaje, es verdad todo. Tenés frío por que te estás desangrando, tenés miedo por que te estás muriendo! Ahora callate y dejame de joder que tengo algo más importante que hacer!

No contestó más. Me di vuelta para verla. Su cabeza colgaba flácida sobre sus hombros, sus brazos laxos colgaban al costado de la silla manchando el piso. Había muerto. Me había dejado en paz para terminar mi labor. Al rato, Eva ya tenía sus perfectas manos.

Alfred – Listo… Ahora, dejame desquitarme con esta tarada.
Frank – Como quieras.

Y Alfred se frotó las manos… Deseoso.

1 Víctimas:

Rev. Henry Kane dijo...

Jojojojooj!!!
Frank-enstein!!!
Increíble el giro!!!
Me imagino que se viene una saga donde va a juntar el resto de los pedazos de su Eva perfecta?
Quiero detalles sobre el sistema de refrigeración, ya que tengo varios fiambres pudriéndose en casa y me están volviendo loco!!!
Bendiciones para todos!!!
Ah, y pasen por mi templo para saber cómo me hice inmortal y de dónde salió Yararán!