Desde el interior observan

10.7.09

Burn-ette

Un mensaje en el celular me abstrajo de lo que pensaba. Remitente: Morocha. Suspiré. “No estoy con Tata”, pensé. Empecé a leer: “Si todavía estás con Tata…”. Levanté el brazo para estampar el teléfono contra el piso, pero me detuve un instante a reflexionar. “Esto puede resultar excelentemente bien", me dije y le respondí. El mensaje leía: Estoy con Tata en casa, dice que te vengas para acá. Era todo mentira, por supuesto. Su mensaje en respuesta confirmaba su presencia en casa para dentro de los próximos 10 minutos.

Alfred – La destrozo, la destrozo!
Mike – Soñá. A esta la convenzo yo de que se destroce.
Frank – Ja! A esta la hago yo.
Mike – Como digas, pero hacelo bien.
Alfred – Se la entregás así como así!?
Mike – Si lo va a hacer bien, sí.
Alfred – Pero y yo!? Cómo me divierto?
Frank – Callensé. Me hartan. Hoy el juego es mío y punto.

Debatía con ellos la forma de llevarlo a cabo cuando me sorprendió el timbre. Tenía que improvisar. Le grité por la ventana que pasara, que estaba abierto. Con la rapidez de un rayo busqué el palo de jockey y me aposté atrás de la puerta. Escuchaba perfectamente cada uno de sus pasos. Calculé que estaría a diez metros de la puerta. Su andar era confiado y decidido, no sospechaba absolutamente nada. Me agazapé bien, apreté el mango del palo. Comprimí la mandíbula. El corazón cabalgaba en mi pecho. El sudor de la adrenalina me perlaba la frente. La tensión que yo mismo había creado intensificaba todo a la máxima potencia. Escuché cómo su andar se detenía frente a la reja de la galería. El tintineo del perno del candado retumbó largamente en mi mente. Cuando entró, cerró la reja con más fuerza de la necesaria produciendo un estampido que casi me vuela los tímpanos. Los últimos tres pasos fueron eternos. Podía sentir la vibración que produjeron sus pies al tocar el piso, parecían terremotos para mis sentidos afinados por la expectativa. Los cinco segundos que duraron esos tres pasos no pasaron más. Todo iba en cámara lenta. Finalmente toco la cortina con sus manos y el crujido de la tela fue un trueno. Todavía corría la cámara lenta. Pude percibir todo. Cada una de mis fibras musculares tensándose, el aire pegándome en el rostro al levantarme, su cara de susto al verme de repente detrás de la puerta y la piel de su cara al removerse bajo el palo de jockey que se estrellaba contra ella. La cámara lenta volvió a la normalidad y ella cayó pesadamente en el suelo. Su cabeza rebotó violentamente y quedó inconsciente. Un charco de sangre empezó a formarse bajo su nuca.
Cuando despertó, se encontró sentada en el sofá. Me miró con unos ojos todavía mareados por el tremendo golpe. Me preguntó qué estaba pasando.

Frank – Nada. No te das cuenta que no pasa nada?
Mike – Bien!
Alfred – Pegale, pegale de nuevo!
Frank – Sigh… Me gustaría decirte que la cosa no es con vos, que estabas parada en un mal lugar en un mal momento y todos esos clichés. Pero no puedo. La cosa sí es contra vos, Morochita. Te tengo que matar, acá y ahora.
Morocha – Estás flayando, chabón! Qué mierda te pasó por la cabeza!?
Frank – Ja, sos la última a la que me interesa explicarle eso, Morochón. Bye.
Morocha – No, pará! Pa…

El crujido de su mandíbula destrozada bajo mi palo de jockey la silenció al instante. El impacto la dejó atolondrada. Pero seguía consciente y, lo que era peor, seguía en este mundo. Un golpe más y todo habría acabado. Levanté el palo sobre mi cabeza. Mientras ceñía el agarre en el mango, pensaba en lo bien que me sentiría al asestarle ese golpe último. La expectativa volvía a crecer. Ya no podía contener más a mis músculos que querían descargar toda la furia del infierno sobre el cráneo de la Morocha. No podía más y solté la rienda que contenía al caballo de batalla que eran mis brazos. Se escuchó un estampido hermoso. Pero ella todavía no estaba muerta.
No entendía muy bien qué pasaba. Algo me golpeó la cabeza. Era el palo que se me caía de las manos. No entendía nada. Menos entendía el frío que empezaba a sentir de repente. Las piernas me temblaron. Me caí. Con las últimas fuerzas que me quedaban me retorcí en el piso y pude reconocer una figura que sostenía un arma y la apuntaba hacia mí. Los párpados se me cayeron y quedé sumido en la total oscuridad...

3 Víctimas:

Mariana dijo...

Bueno, es terrible fran! Y genial! Jaja.
Quiero algo en inglés para mi!

Rev. Henry Kane dijo...

Este sitio debería llamarse "Del asesinato como una de las bellas artes", como el libro de De Quincey. A propósito de esta entrada y la anterior, creo que son de las mejores producciones literarias que leí en lo que va del año, la cosa tiene gancho. Hasta quiero hablar con Alfred y Mike para que me perdonen la vida así puedo leer hasta la última entrada, cosa que creo sería razonable para ellos... qué me dice Frank?
Hey!!! Esa de arriba no es Mery Brandan??? La versión femenina de Marlon Brando! Tanto tiempo, muchacha, no nos vemos desde la época esa en que con mi socio hicimos un blog a pedido suyo!!! (no vaya a mencionar eso por acá porque hay problemas legales debido a esos sitios, jeje, otro día le cuento).

Frank dijo...

Mary: Ya tendrá, ya tendrá. Dame tiempo.

Reverendo: No me adule, por favor. Jeje. Y bueno, con lo del perdón... Me parece que va contra una pared. Cuando se ponen una meta, a estos dos no los para nadie, menos si se alían. Fíjese el último suceso si no... Me doblegaron los muy condenados!